Nela Ochoa - Laboratorio


La artista revisa los códigos corporales,
los visibles e invisibles, a partir de las combinaciones de adenina, citosina, guanina y timina


Nela Ochoa muestra su autorretrato genético

La artista venezolana expone parte de su trabajo en el Frost Museum de Miami. Sus inquietudes reflexivas se transparentan en el estudio del ADN


MARJORIE DELGADO AGUIRRE

Muchos se equivocaron. Entraron a la sala del Frost Museum y pensaron que una genetista se dedicó a hacer obras de arte, pero la historia es otra: una artista decidió hurgar en el complejo trasfondo de la genética. El cuerpo convocó a Nela Ochoa desde 1985, cuando el movimiento de la danza la atrapó con sus tentáculos invisibles; pero desde el año 2000, la venezolana decidió ir hasta el fondo y hacer del ADN su materia prima conceptual.

Sus obras desmenuzan visualmente complejas combinaciones de la adenina, guanina, timina y citosina, a partir de las cuales se explican no sólo condiciones de uno u otro fenotipo, sino también de comportamientos sociales. Todo está allí, los códigos corporales se deciden en el juego caprichoso de las moléculas.

En Retratos genéticos, exposición que inauguró la semana pasada, este cuerpo de obra de Nela Ochoa se revisa en retrospectiva. Curada por Julia Herzberg, quien trabajó en esta muestra desde hace dos años, la exhibición incluye piezas clave en su trabajo de los últimos años, como el remontaje de la instalación Desentierro, tal como fue expuesta en la Bienal Barro de América en Sao Paulo, en 2001. "Esta obra fue vital y es una de las piezas más importantes para mí porque se trata de un autorretrato genético. La instalación contiene láminas de latex con los gráficos (llamados marcadores) de mi ADN, sacado de las pruebas que me hice en un laboratorio en Caracas en 2000 y piedras de asfalto. El petróleo, por venir de material orgánico de millones de años, sería dentro de otros tantos millones el receptor final de mi ADN", señala Ochoa, quien expondrá en el Frost Museum hasta septiembre.

Otra de las obras más importantes, revela la artista, es Materia gris incompleta. Creada para la Bienal de Estandartes de Tijuana (2004), la pieza es dedicada a la "brutalidad militar".

El contenido de la obra de Ochoa puede parecer, en algunos casos, inocente, pero basta un mínimo acercamiento referencial a una obra como De todas maneras rosas para repensar esta hipótesis. Se trata de una pieza que retrata una Caracas floreada mientras transcurría el mes de abril de 2002.

Con uno u otro planteamiento reflexivo, Ochoa indica: "No me alcanzará la vida para hurgar en el universo genético, desde donde me conecto con lo visual y lo conceptual. El proceso de creación a veces parte de una información que me lleva a investigar, tanto la parte científica como los materiales que puedo utilizar para expresar la idea. Es el caso de Desentierro: una vez que vi los gráficos que se producían en los laboratorios de identificación, empecé a buscar los míos propios y a probar con su transferencia a latex, un material que acogiera estos gráficos, reconectándolos con la piel, lo exterior y con el petróleo como elemento de traslocación en el tiempo".

Ochoa realiza sus obras a partir de materiales no convencionales que guardan relación no sólo con los códigos corporales, sino con comportamientos sociales que el ADN configura. El año pasado, por ejemplo, mostró en Venezuela una pieza hecha con caballitos diminutos de juguete para representar el gen del juego, nada ajeno en un país donde la Gaceta Hípica es una de las publicaciones más leídas.

En el caso de esta exposición hay piezas como como Bucaneer Helix (2008), nombre de una planta en extinción, que se muestra en la grama del museo o Anorexia Helix (2009), la secuencia genética de un gen relacionado con la anorexia nerviosa y que fue hecha con cucharas de aluminio.

Fuente: El Nacional. Caracas, Venezuela.