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Volver a genetic portraits
Nela Ochoa y la fuerza originaria de sus retratos genéticos
ADRIANA HERRERA Especial/El Nuevo Herald
La exhibición Genetic Portraits de Nela Ochoa trae a la ciudad una de esas pocas obras que extienden hasta fronteras inéditas los límites del lenguaje artístico. Basta asomarse a la instalación de sus obras en The Frost Museum of Art, para experimentar el placer de una exhibición impecable donde la mayor parte de las piezas aparentan --sólo aparentan-- inscribirse en la tradición de esa abstracción geométrica que tuvo en su país natal, Venezuela, uno de los epicentros determinantes en la historia del continente. En ese legado la estética se alejaba del problema de la representatividad de lo existente, para indagar, en la interrelación entre formas o colores, y la movilidad de la percepción humana. Cada pieza de Nela Ochoa, realizada con tanta rigurosidad formal como las de esta tradición, acomete un! a tarea distinta: lejos de tratarse de una abstracción, se ocupa de la representación figurativa de elementos orgánicos y de los rasgos de identidad o los males del cuerpo humano.
La artista hace ciertamente retratos, y se enfrenta a cada entidad, a cada cuerpo, realizando lo que ha llegado a considerar el registro de la identidad más profundo y menos sujeto a modificación. 'Y qué puede haber más esencial que el código genético que contiene cada rasgo y potencialidad de los seres orgánicos? Sus retratos genéticos surgen de un sistema de representación derivado de las secuencias del DNA, que conjugan los cuatro nucleótidos --Adenina, Citosina, Guanina y Timina-- que se combinan en el genoma humano, pero también en las plantas, animales y en todos los organismos.
Ochoa asigna colores diferentes a estos elementos identificados con las letras A, C, G y T, y hace una serie de elecciones formales en términos de sustratos, materiales y formas, para representar los códigos genéticos que otorgan sus rasgos a elementos vegetales como el cacao o como las rosas; a alteraciones de las secuencias como las del cáncer de seno (que fue su primer retrato genético) y otras enfermedades; o a seres humanos como ella misma. Hay una larga trayectoria detrás de este riguroso sistema de representación del gen que fusiona arte y ciencia; recoge y transforma los desarrollos formales y presupuestos de la abstracción geométrica; y que además indaga en el tema de las identidades dando sentidos filosóficos, culturales o políticos, a elementos orgánicos como ocurre en varias obras de Genetic Portraits.
Desde los noventa, Ochoa trabajaba con la obsesión de indagar en la naturaleza --y representatividad-- del cuerpo. En los registros de cada nueva tecnología para ver el cuerpo descubría nuevas posibilidades de exploración científica que alteraban los límites del lenguaje artístico del retrato. La genética le abrió además la posibilidad de una mirada hacia el interior del cuerpo.
En la instalación Desentierro, inscribe con marcadores negros, sobre piezas independientes de látex, sujetas a la pared con ganchos, su código genético. No es casual que en el suelo, a lo largo de la pared, haya colocado rocas asfálticas. "Todo lo orgánico se va sumiendo al subsuelo y se convierte al final en petróleo, que es una fusión de toda la materia orgánica que existió hace millones de años. En un lapso inmenso de tiempo el ADN de todos será petróleo".
En medio de la crisis del 2002 en Venezuela empezó a trabajar con el cacao como una apelación a la identidad nacional por la alta calidad de su producción en la región de Chuao. La instalación Pidiendo cacao recurría a un refrán popular e invitaba a la gente a comerse una moneda de cacao --conocido porque produce una descarga de serotonina que da felicidad-- y sustituirla con un sello marcado con las letras del código genético del "brebaje de los dioses". En la pieza Theobroma cacao, también de ese año, fotografió una chocolatina en forma de semilla y la reprodujo asignándole cuatro colores diferentes de acuerdo a la secuencia genética. El procedimiento de De todas maneras rosas, hecho al año siguiente, es sucedáneo tanto en términos del sistema artístico de representación del código genético, como en la invocación a un mod! o de contemplación de lo bello o placentero en medio de un contexto crítico. Materia gris incompleta, una inmensa instalación en tela de pared a techo que se conjuga con la sombra proyectada por la pieza en la pared, contiene una fuerte carga política. Representa esta afección que consiste en la pérdida o deficiencia de materia gris --por accidente o nacimiento-- y que está asociada a la producción de comportamientos violentos, con una combinación entre tela roja y telas de diversos uniformes militares.
Otras enfermedades como el cáncer de seno --que ha estado muy presente en la herencia genética familiar-- se representan en secuencias que recurren al mismo sistema con soluciones formales siempre sorprendentes. BRCA 2, está hecho con ganchos de ajustadores de distintos tonos para cada uno de los cuatro nucleótidos del ADN de este mal. Anorexia Hélix, está construida con cucharas --elemento metonímico de la alimentación-- que recubre de cuatro tonos de pintura metálica hasta conformar una bellísima espiral. Arte y ciencia, vida y muerte, belleza y destrucción, se sintetizan en una de las exhibiciones imperdibles de Miami.
Fuente: El Nuevo Herald,(Miami, FL)
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